UN NO·PARAR EN LAS CABAÑAS

El plan comienza con un poco de bici para entrar en calor. El anillo ciclista nos sirvió como unión entre...
UN NO·PARAR EN LAS CABAÑAS

El plan comienza con un poco de bici para entrar en calor. El anillo ciclista nos sirvió como unión entre el Jara y el parque Juan Carlos I. Las subiditas y bajaditas no son el fuerte de Gonzalo Calvar, ya que llevaba una bici con la máxima velocidad, así se entrenaba Contador. Luis Paredes iba a la cabeza con Rodrigo Martínez que nos llevaron sin problemas a nuestro destino. Lucas hizo tiempo record en la crono: desde entonces está reflexionado sobre sufuturo sobre las dos ruedas.
A las seis acaba el plan de bicis y a las seis, sin parar en boxes, comienza el plan de Las Cabañas. Juan Aycart, con su flameante bicicleta, es sustituido por Pedro Latasa que viene con fuerzas para seguir la aventura. Agradecimientos a David, el padre de Manuel Cantón, quien nos acompañó para llevar a cuatro chavales a nuestro objetivo.
Historias de miedo, o no tan miedo, excursión nocturna, cena de bocatas, monopoly hasta las tantas, ….. y a la cama. A la mañana siguiente un gran día nos está esperando. Después del desayuno fútbol, donde Pedro Latasa y Gonzalo Calvar dejaron el nivel muy alto y después, gracias a Rocío, la madre de Gonzalo Caruncho, pudimos bajar a Misa en el día de los fieles difuntos. Acto seguido, excursión por aclamación popular. Manu Cantón y Luis en la retaguardia.  Caballos (Lucas Molero casi atiborra a un pequeño potro a hierbajos), toro bravos, ovejas, un poco de escalada, cansancio (Pablo Otero no se sostienen en pie), un poco de sudor, un poco de vértigo (por parte de Fernando Halcón), buenas vistas y ya estamos de vuelta para un partidillo de fútbol antes de comer.
El plan se acaba y, aunque no parezca que existan fuerzas para un polis&cacos. Gonzalo Caruncho corre, se camufla, da órdenes; entre él y Fernando parece una peli de verdad. Agradecimientos a los padres de Pelayo, Jesús y Teresa, que se ofrecieron a llevarnos de vuelta, y, cómo no, a nuestro preceptor favorito, Willy Antangana: sin él el plan no habría sido tan divertido.
 
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