Camino Schmid

El viernes 9 de noviembre fue la Fiesta de la Almudena, patrona de Madrid, y lo celebramos en la sierra....
Camino Schmid

El viernes 9 de noviembre fue la Fiesta de la Almudena, patrona de Madrid, y lo celebramos en la sierra. Frio. Niebla. Lluvia. Una furgoneta -la nuestra, la verde de toda la vida- y dos coches cargaditos de personas con abrigos salimos de Menéndez Pidal, 35 a una hora prudente. Quizás demasiado prudente… La meta: recorrer el Camino Smichd: sin prisas, pero sin pausa. Una pica en Flandes del senderismo madrileño con ganas de recuperar una tradición montañera multisecular que venía hibernando desde hacía unos meses. Muchos meses.
Llegamos al parking nublado a una hora razonable y nos adentramos con ilusión por los bosques de España. Paso a paso por un camino marcado siguiendo las huellas del otoño. Alante, siempre, Jorge Otero, Ignacio Bernedo, Juan Yanes… Atrás, por turnos, Cristóbal pastorea la marea humana. Javier Álvarez de Murga y Carlos Torquemada, firmes. Jorge Ruiz y José Luis Duelo, fuertes.
Parada para comer bajo un sauce llorón. Muy llorón. Llueve, y el que come debajo de hoja, dos veces (y pico) se moja. Comemos bocadillos pasados por agua, porque la sierra siempre invita a innovar. Y después de la comida, empieza la aventura…
Subida entre piedras casi en vertical. Desafiamos la gravedad. Subimos. Subimos. Subimos. La cumbra no existe, porque parece eterna. Y al final (homenaje a Miguel Ángel Galindo) llegamos a la primera estación. Los mojones del camino están ahí, en el camino, pero dejamos por un momento el recorrido convencional. Aventura. Hombres en acción. Y entonces, empezamos a serpentear entre piedras por trochas casi imposibles. Es sólo una prueba. Sudando la gota gorda y mirando el reloj (son las 16.00 horas, a pesar de la niebla) volvemos sobre nuestros pasos hasta volver al caminito de hojas caídas de otoño, como de catálogo de Pull & Bear.
Ya de paseo, comentamos la jugada. Empieza a engrandecerse la historia de un vericueto convertido en tobogán de piedra gris. Qué bonita la poesía en la sierra al pie de los Siete Picos: mucho pico y mucha pala.
Primer avance montañero. Mojados, pero contentos, llegamos a buen puerto. En los coches, la calefacción se ha convertido en un bien de primera necesidad. Y esas galletas de chocolate son la mejor respuesta para seguir adelante.
Smichd: gracias por asentar el camino. Pero te aconsejamos una cosa: o le das más vidilla a tus calzadas de fango, o pasarás a la historia de la sierra como una excursión demasiado anodina, al menos para los chicos del Jara.

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