Patinaje en el Palacio del Hielo

El sábado pasado estuvieron los socios de 5º y 6º, con sus respectivos amigos, patinando en el Palacio del hielo,...
Patinaje en el Palacio del Hielo

El sábado pasado estuvieron los socios de 5º y 6º, con sus respectivos amigos, patinando en el Palacio del hielo, en total unos 28, todo un record.

Llegaron a la hora exacta y rápidamente se pusieron los patines. Pronto se vio la experiencia de algunos que contrastaba con la inexperiencia de otros. Se podrían contar millones de anécdotas. Para empezar cabe destacar la maestría con que Gabi Arbaizar, Gonzalo Dusmet y Jaime Arvilla se deslizaban por la pista, y a su vez la maestría con que José Luis Duelo y Javier Varela “rodaban” por la pista. Los socios poco a poco fueron cogiéndole el “tranquillo” a eso de patinar, de hecho cada vez se les veía ir más rápido y con más soltura. Jorge Ruiz y Juan Giner llegaron a separarse de la barandilla a la media hora, cosa que parece fácil y evidente, pero que no lo es tanto. Al cabo de una hora se formó un “pilla-pilla” por toda la pista que fue subiendo de emoción. Tanto es así, que las velocidades que cogieron algunos rozaron la velocidad de la luz. Esto provocó algún que otro “tortazo” y que más de uno acabase en el suelo, o mejor dicho, en el hielo.

Era fácil cruzarse con alguno que te preguntaba: “¿Quién la liga?”, momento que alguno como Marcos Poole aprovechaba para responder: “Ahora tú”, mientras salía corriendo en dirección opuesta. Eso sí, cada vez que uno se iba al suelo, aparecía otro para ayudarle a levantarse mientras los dos se reían de la susodicha caída. No quiero dejar de nombrar la gran demostración de patinaje artístico que nos dejaron los tres padres que nos acompañaron, me refiero a Ignacio Dusmet, Santiago del Amo y Pepe Varela. Su experiencia quedó plasmada en un par de vueltas a la pista.

Después de algo más de dos horas en la pista tuvimos que irnos. Haciendo una pequeña encuesta, todos tenían la misma sensación: “¿Ya?, se me ha pasado muy pronto…”. Y es que lo pasamos tan bien que el tiempo se nos pasó volando. Después de este desgaste físico, repusimos fuerzas con una suculenta merienda que nos trajo nuestro “manager Galindo”.


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