Excursión al pico Nevero

El sábado 14 de enero, una expedición de aguerridos expedicionarios de 5º y 6º de Primaria se enfundó las botas...
Excursión al pico Nevero

El sábado 14 de enero, una expedición de aguerridos expedicionarios de 5º y 6º de Primaria se enfundó las botas de montaña y los guantes con un objetivo ambicioso: coronar la cima del pico Nevero, que otea el valle del Lozoya desde sus imponentes 2200 m sobre el nivel del mar. Hasta ahí la cosa no llama demasiado la atención. Pero ¿y si añadimos a eso que lo hicieron en medio de una gran helada, con fuertes vientos que venían cargados de escarcha? Entonces, estaréis de acuerdo en que fue un verdadero reto. 

Presentamos algunos extractos del cuaderno de bitácora de la expedición.

11:30 Es la hora ya, y por más jaleo que armamos, aquí no se mueve nadie. Hay rumores de que el puerto de Navafría está cerrado al tráfico. Hemos visto a Jaime Halcón haciendo acopio de víveres.

12:00 Por fin vamos de camino en las dos furgonetas. Parece que tenemos prisa, porque casi no podemos seguir a la furgoneta blanca. Hemos salido hace un momento de la autovía, y ante nosotros se abre el valle del Lozoya. Habíamos oído antes hablar de él, pero la verdad es que no estábamos preparados para algo tan bello y agreste. El lago que se extiende ante nosotros es majestuoso.

12:30 Estamos subiendo las curvas (y más curvas) del puerto de Navafría por el centenario pinar. Santi Aparicio cree haber visto un oso pardo junto a la cuneta. Cada vez hace más frío, y nos acercamos poco a poco a las amenazadoras nubes.

13:00 Ya estamos en el puerto. Acabamos de aparcar las furgonetas en un aparcamiento a 1755 m. ¡Hay -3º C! Está nevando ligeramente mientras cargamos nuestros macutos. Algunos de nosotros están preocupados por la poca visibilidad. Parece que el camino está muy empinado.

13:15 Efectivamente, querida bitácora: el camino es un verdadero suplicio. Nunca había visto una ascensión tan empinada. Además, ni siquiera los pinos nos protegen del todo de este viento infernal, que viene cargado de hielo. Algunos están empezando a perder los nervios. No sé qué va a ser de nosotros…

13:30 Acabo de ver a Miguel Poole intentando chupar una rama de pino congelado, como si fuera un helado. Creo que el frío nos está trastornando. Querido diario, estoy empezando a dudar de si regresaremos con vida.

14:00 Ha habido un conato de motín a bordo de la expedición. El líder ha sido Juan Bernedo, que se ha negado a seguir las tiránicas órdenes de Andrés Pampillón de seguir la ascensión antes de comer. Juan ha encontrado refugio dentro de unos arbustos combados en forma de cueva, y ha convencido al resto de que le siguiese allí con los bocatas. Hemos comido resguardándonos de la ventisca, y vigilando muy de cerca a Andrés y a Guillermo, que parece su mano derecha. El paisaje aquí arriba es casi polar: todo lo que nos rodea es blanco y está cubierto de una gruesa capa de cristales de hielo. El aire es ensordecedor, y nos impide caminar en línea recta, por lo que debemos luchar por mantener el equilibrio y no salirnos del camino.

14:30 Hemos iniciado el descenso. La expedición ha tocado a su fin. De seguir en busca de la ladera sur, algunos de los miembros del grupo podrían sufrir hipotermia severa. Por el bien de todos, hemos decidido conformarnos con haber llegado a la cuerda del Nevero.

15:00 ¡Hemos llegado! ¡Sí, querido diario! ¡Hemos llegado sanos y salvos! Y en menos tiempo de lo que parecía. La promesa de chocolate caliente nos animó a realizar la última y fatigosa travesía. Pero ha merecido la pena. Qué bien sabe el chocolate fundido en el hornillo de gas, qué aroma tan delicado. Benditas nubes de dulce vapor. Todos hemos hecho frente a la congelación con un trago de este maravilloso elixir ardiente, y hemos sentido como la vida volvía a nuestros maltrechos cuerpos. También la música que hemos puesto en la radio (especialmente las 10 veces que hemos escuchado a Morat) han contribuido a subir la moral de la tripulación.

16:00 volvemos a la civilización. Algunos vienen rendidos de sueño en la furgoneta. Es comprensible, después de las calamidades que hemos pasado. Prometo no volver a embarcarme en una aventura tan disparatada.

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