Carta del Prelado sobre la beatificación de Don Álvaro

A pocos meses de la beatificación de don Álvaro del Portillo, el Prelado del Opus Dei dirige estas letras a...
Carta del Prelado sobre la beatificación de Don Álvaro
A pocos meses de la beatificación de don Álvaro del Portillo, el Prelado del Opus Dei dirige estas letras a quienes se están preparando para vivir ese acontecimiento de la vida de la Iglesia.

 

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

A medida que transcurren los días hasta el 27 de septiembre, fecha de la beatificación de don Álvaro, aumenta mi deseo de disponerme muy bien para esa gran fiesta de nuestra Santa Madre la Iglesia y de esta partecica de la Iglesia: la Prelatura. Lo mismo os sucederá a vosotros. Recuerdo cómo nos impulsó don Álvaro a prepararnos para la beatificación de nuestro Padre, el 17 de mayo de 1992. Me propongo seguir sus pasos, muy acompañado por la oración de todas y de todos, uniéndome personalmente a lo que haga cada una, cada uno.

 

Me parece muy lógico que rompamos en una sincera acción de gracias a Dios, con el gozo de ver en los altares al primer sucesor de san Josemaría, y que este don del Cielo nos impulse a intensificar la petición —a diario— por los frutos de ese evento en bien de las almas, y por tantas iniciativas apostólicas que los fieles y cooperadores de la Obra promueven en todo el mundo.

 

Considero que, como expresión también de ese agradecimiento, debo ayudaros con unas sugerencias. En primer lugar que, en preparación para esa fecha, y luego hasta fin de año, cada uno se busque personalmente algún detalle especial de oración por la Iglesia, el Papa, la Obra, al hilo de la respuesta de san Josemaría. Y os ruego que también supliquemos a Dios que nos oiga en mis muchas otras intenciones, para servir más y mejor a las almas.

 

Pienso que ese detalle que os pido podría consistir, poniendo por intercesor a don Álvaro, en rezar cada día una parte más del Rosario; o bien un Acordaos ante una imagen de la Virgen en el hogar de familia —el Centro de la Obra, la casa donde cada una y cada uno habita—; o quizá en hacer semanalmente una breve visita a una iglesia dedicada a Nuestra Señora, o en la que se venera alguna imagen suya, etc.

 

Es sólo una petición paterna que os comunico para que, con total espontaneidad y libertad personal, sea siempre más cuidadosa nuestra fidelidad a Dios, a la Iglesia, al Papa.

 

Me atrevo a pediros que vuestra ayuda sea generosa.

 

Con todo cariño, os bendice
vuestro Padre
+ Javier
Roma, 4 de junio de 2014.

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